sábado, 14 de noviembre de 2009


EVANGELIZACIÓN: MISIÓN SUPREMA DE LA IGLESIA


Muchas iglesias de nuestro tiempo se han olvidado del mandamiento básico de nuestro Señor Jesucristo: “Id, y haced discípulos. . . bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” Mateo 28:19

Los pastores, los laicos, los creyentes que han aceptado a Cristo como su Salvador personal, tienen la responsabilidad directa de cumplir este mandamiento. Pero las iglesias o individuos que olvidan su responsabilidad, se encuentran en el camino de su justa retribución.
En una encuesta realizada en una iglesia de esta categoría (sin frutos), se hizo la siguiente pregunta: ¿Por qué la iglesia no crece y se desarrolla? Las respuestas fueron muy singulares y mezquinas: “Ese es trabajo del pastor, no de nosotros. . .” “Tenemos muchas ocupaciones; no podemos salir a evangelizar. Que el pastor lo haga, para eso le pagamos. . .” “Todo el vecindario conoce bien nuestra iglesia; sencillamente no quieren asistir. . .” “Todos son impíos, no merecen un lugar en el templo. . .”
Excusas y más excusas de personas llamadas “cristianas” que no quieren trabajar, no producen fruto ni sienten compasión o amor por sus prójimos, por los perdidos. Muchos de estos cristianos se contentan con ser religiosos solamente. No quieren ni tienen intención de cumplir el mandamiento del Señor.

Los cristianos que actúan de esta manera no saben lo que es una vida victoriosa, controlada por el Espíritu Santo. En las iglesias parecen ser cristianos sinceros que estudian la Biblia. Son fieles en la oración, pero no se sienten gozosos ni les entusiasma su relación con el Señor porque no han aprendido a dar fruto.
Jesucristo protestó por esta falta de fruto. A los fariseos los llamó “hipócritas”, “sepulcros blanqueados” y maldijo una higuera que no producía fruto (Mateo 21:19). El cristiano verdaderamente feliz es el que comparte su fe.
El Señor Jesucristo dijo claramente: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y al salvar lo que se había perdido.” Por ello nos ha dejado el mandamiento de que proclamemos las buenas nuevas de salvación. Esta orden es individual, pero a la vez colectiva, para la iglesia del siglo XXI.


¿Está usted cumpliendo tal mandamiento?
¿Es usted miembro de la iglesia?
He aquí su misión suprema: EVANGELIZAR